Las ventajas de vivir separados

Vivir separados puede tener muchas más ventajas de las que imaginas

En la sociedad más clásica existe una especie de guión aceptado de forma unánime donde se relatan los pasos a seguir dentro de una relación. Vivir juntos suele encontrarse en los pasos obligatorios y no tiene por qué ser así. Aceptando que cada relación es única, hay que comprender que no todos estamos preparados para dar el salto, al menos no si nos hemos resignado a aceptar que después de determinados años 'toca' irse a vivir juntos.

Vivir juntos o separados no afecta al amor que sentimos mutuamente en la relación. Es uno de los mayores lastres que arrastramos actualmente y es que si no queremos irnos a vivir nuestra pareja pueden entendernos como que nuestra relación no es tan importante como parecía. Puede haber motivos de todo tipo para que no nos animemos todavía, incluso aunque ni siquiera entre en nuestros planes a corto y medio plazo.

Juntos pero separados

La mejor forma de definir la relación que tendremos, vivir separados físicamente es independiente de que no nos sintamos cercanos a nuestra pareja. Podemos seguir viéndonos de forma frecuente, pasar alguna noche esporádica en casa de cada uno o aprovechar un fin de semana completo para irnos a alguna escapada. Una relación consolidada vive los momentos, no los planes a largo plazo que todavía no han llegado.

Por otra parte, si nos encontramos realmente unidos a nuestra pareja podemos ir conociendo los detalles más particulares de la convivencia antes de dar el paso. Pequeñas tentativas como viajes de cierta duración en tiempos vacacionales o ir añadiendo elementos personales a su domicilio nos servirán para crear esa sensación de unión sin tener que pasar por todo lo negativo que puede conllevar vivir de forma establecida juntos.

A su vez, vivir juntos produce el mal más temido en una relación: la rutina. Mientras los encuentros ocasionales donde pasamos unos días juntos se recuerdan con cariño albergando cientos de anécdotas, es fácil que nos encontremos que después de un cierto periodo de tiempo esa magia del principio se haya perdido en aras de una rutina nada esperada cuando nos decidimos. No significa que ocurra siempre pero sí es algo a lo que nos exponemos, sobre todo si no nos esperábamos que fuese a pasar en nuestra inocencia.

Volviendo al origen de nuestra relación

Todas las parejas nacen a partir de encuentros entre desconocidos, del misterio y el interés que fueron surgiendo de una persona nueva en términos de conocerle profundamente en nuestra vida. Vivir juntos elimina el misterio de seguir conociendo a esa persona, introduciendo una serie de manías y rutinas completamente dañinas para la relación. Ya no hay curiosidad natural por saber qué nos dice ante nuestras preguntas, cómo se comportaría con nuestra forma de actuar. Todo se vuelve predecible.

Uno de los pasos más curiosos que están tomando cada vez más parejas es vivir un tiempo juntos para volver a vivir separados más tarde. De esta forma se retoma el llamado origen de la relación, esa fuente de placer constante de ir descubriendo a la otra persona mientras nos conocen a nosotros mismos. Al crear una rutina durante ese tiempo viviendo juntos antes de llegar males mayores se toma por mutuo acuerdo separarse después de un determinado tiempo. Siguen siendo pareja pero dan un supuesto paso atrás cuando realmente se convierte en un avance más en la relación.

Y recuerda: en la relación los dos tenéis una forma de vivir prácticamente imposible de cambiar. Es toda una vida donde cada uno hemos aprendido a comportarnos de determinada forma sin que nadie nos haya corregido. Pequeños detalles como la higiene, la pulcritud en los espacios comunes, asuntos económicos y frecuencia de salidas se convierten en auténticas fuentes de discusión aunque no haya motivo real. Siempre tendremos tiempo de hablar los pequeños detalles sin necesidad de vivir juntos.

Las ventajas de vivir separados

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