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Cómo tratar el miedo en los niños

Tener miedo es una reacción adaptativa en el ser humano, protegiéndonos de situaciones que pondrían en riesgo nuestra integridad de no actuar consecuentemente. Con la socialización y nuestro nuevo estilo de vida completamente alejado del de nuestros ancestros tener miedo se ha convertido en una respuesta que dificulta nuestro marco de actuación. Nos quedamos inmóviles, huimos de la escena y experimentamos una serie de reacciones fisiológicas que se consideran inadecuadas en la convivencia en sociedad.

En el caso de los más pequeños el rango de actuación se vuelve aún menor al no poder especificar claramente su miedo ni razonar correctamente con él sobre lo que siente. Con los niños hay que tener ante todo paciencia sabiendo que será un proceso largo. No vamos a lograr resultados a corto plazo hagamos lo que hagamos por lo que antes de tratar de atajar el problema con un método específico es mejor mentalizarnos de que tardaremos un tiempo prolongado hasta notar resultados.

    Índice
  1. 1 Habla con tu hijo sobre su miedo
  2. 2 Evita ridiculizar o ignorar sus miedos
  3. 3 Muéstrate seguro de ti mismo ante la fuente de pánico
  4. 4 Trata de no exponerle a miedos comunes
  5. 5 Exponle paulatinamente a sus miedos
  • 1

    Habla con tu hijo sobre su miedo

    Miedos relacionados con monstruos, pesadillas o la propia oscuridad son muy habituales en los niños más pequeños. Antes de darles una explicación basada en el raciocinio siéntate y escucha sus pensamientos respecto a la fuente de miedo. De esta forma podrás concretar exactamente qué puntos le causan más terror a tu hijo, especificando los aspectos a los que teme, las situaciones en las que se da y el rango de actuación en el que se mueve cuando siente dicho miedo. Además, compartir sus sentimientos le ayudará a calmarse al mismo tiempo que aumenta la confianza con nosotros.

  • 2

    Evita ridiculizar o ignorar sus miedos

    Los miedos infantiles en sus primeras manifestaciones suelen tomarse a modo de broma por parte de los padres, interpretándolos como ocurrencias de niños pequeños que se pasarán con el tiempo. No ridiculices su miedo ni trates de taparlo pensando que desaparecerá solo. Los niños necesitan poder confiar en nosotros y se cerrarán rápidamente en ellos mismos cuando noten que no nos tomamos en serio lo que les ocurre.

  • 3

    Muéstrate seguro de ti mismo ante la fuente de pánico

    Una buena forma de tratar los miedos infantiles en sus inicios es mostrarnos seguros de nosotros mismos ante el elemento o la situación que los produce. Cuando son pequeños los niños nos toman como modelos a seguir, incluyendo nuestra forma de comportarnos cuando nos encontramos a situaciones estresantes. Con todo, hay que tener cuidado de no excedernos en nuestra valentía y de valorar correctamente el miedo que sienten. Tener miedo, por ejemplo, a los coches no significa que actuemos peligrosamente ante ellos diciendo que no hay nada que temer.

  • 4

    Trata de no exponerle a miedos comunes

    Aunque esté cada vez más de moda la libertad de mostrar cualquier tipo de contenido ante los más pequeños es labor de los padres vigilar a qué se exponen cuando ven la televisión o navegan por internet. Sigue las recomendaciones respecto a la edad cuando vean contenidos multimedia. Nada de películas de terror o videojuegos con alto contenido en violencia, este tipo de situaciones aunque sean afrontadas sin problema por la mayoría pueden desencadenar miedos que hasta ese momento no se daban, siempre debemos prevenir antes que actuar.

  • 5

    Exponle paulatinamente a sus miedos

    Este consejo debemos aplicarlo con cuidado, sobre todo si no tenemos experiencia alguna en esta medida. Exponer de forma gradual a los niños a sus temores hará que se extinga su respuesta ante ellos. No significa que debamos introducirle de lleno en ellos, podemos acercarnos primero a través de hablar sobre ellos, mostrarle dibujos que lo representen y acudir después a imágenes reales o escenas de vídeo.

¿Sabías qué...?

Se puede tener miedo a tener miedo. Aunque en los niños no suele ser habitual el hecho de pasar vergüenza ya puede volverse otra fuente de miedo de la que ni siquiera teníamos noticia. ¡Así de misterioso es el miedo!