Cómo superar un duelo

El proceso para avanzar ante esta dura coyuntura

Enfrentarnos al duelo es una de las experiencias más dolorosas que podemos afrontar. Inesperada en la mayoría de casos, la pérdida en el duelo es un proceso completo con sus correspondientes fases desarrolladas de forma individual por cada persona. No hay dos duelos similares, de igual modo que no hay un camino directo para poder superarlo sin contar con las diferencias particulares de cada caso. Factores como la cercanía con la persona fallecida, la forma de morir, lo predecible del acontecimiento o la situación personal en la que nos encontráramos cuando aconteció son solo unos pocos elementos de los miles que pueden modularlo.

Por encima del resto de consejos hay uno que debemos aceptar aunque no creamos en él: el paso del tiempo siempre ayudará en el proceso. Tardaremos más o menos en notar mejoría en nuestro interior, pero a medida que transcurre el tiempo veremos el problema con otra perspectiva, descubriremos elementos tanto de lo acontecido como de nosotros mismos que nos permitan afrontarlo desde una perspectiva externa, aislando los sentimientos de la información objetiva que nos ayude a superarlo.

Cómo superar un duelo
  • 1

    Busca la compañía de tus seres queridos

    Uno de los peores comportamientos que podemos hacer es la de alejarnos de la gente de nuestro entorno. Tener espacio personal no es un error, pero siempre reservando tiempo para compartir el duelo con las personas que queremos. Aunque sintamos la necesidad de estar alejados de ellos es importante que compartamos nuestro espacio personal, evitando encerrarnos en nosotros mismos. Con el tiempo descubriremos que ese mismo dolor es compartido, pudiendo conocer el punto de vista de otras personas que están pasando por lo mismo que nosotros.

  • 2

    Acepta el dolor

    Acepta el dolor

    Cuando sufrimos una pérdida que toca los cimientos de nuestra vida podemos pensar que lo correcto es tratar de parecer tranquilos, manteniendo la calma y continuando con nuestra vida normal. Es un error, debemos ser sinceros con nosotros mismos aceptando el dolor que sentimos. No servirá de nada que tratemos de engañarnos comportándonos de una forma que no se corresponde realmente a nuestro estado de ánimo. En esta situación es muy sencillo que acabemos sintiéndonos peor con el tiempo, haciendo que un día salga todo de golpe sin poder controlarlo.

  • 3

    Recuerda a la persona con pequeños detalles

    El dolor en el duelo nos lleva muchas veces a realizar comportamientos compensatorios, creyendo que no fuimos justos en vida ya sea por no haber aprovechado el tiempo o por no habernos dado cuenta antes de lo especial que era para nosotros. Esto no debe traducirse en que esa persona se convierta en el centro de nuestra vida, es mucho más recomendable recordarla con pequeños detalles antes que con grandes empresas. Si nos enfrascamos en tratar de honrar su recuerdo con acciones fuera de lugar acabaremos sufriendo mucho más, tanto por la pérdida de esa persona como por estar descuidando otras áreas de nuestra vida.

  • 4

    Establece una rutina diaria

    Establece una rutina diaria

    En los duelos más dolorosos nuestro horario habitual se desvirtúa, perdiendo importancia lo que tuviéramos que hacer por centrarnos en nuestros sentimientos. Aunque no es algo malo propiamente dicho sí es importante para no estancarnos establecer una rutina diaria. Debemos obligarnos a seguir activos, yendo a trabajar, saliendo con nuestras amistades y haciendo una vida todo lo normal posible. Gracias a este ritmo de vida conseguiremos mejorar el estado de ánimo, consiguiendo ver lo ocurrido de una forma más manejable.

  • 5

    El duelo es únicamente tuyo

    Cuando nos encontramos en una situación de duelo que es obvia para las personas que nos rodean es muy sencillo que los consejos lleguen sin parar, siendo muchos de ellos hirientes a la larga por dudar del dolor que sentimos. Debemos respetar nuestro tiempo de duelo y que los demás lo respeten. Si necesitamos espacio para nosotros lo tomaremos, y si hay una determinada reunión donde sabemos que nos sentiremos incómodos simplemente diremos que no podemos ir. La clave es la sinceridad personal, la suficiente como para no titubear a la hora de defender cómo nos sentimos.


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