Cómo vencer el miedo a hablar en público

Descubre las claves para superar este miedo tan frecuente

El miedo a hablar en público es uno de los temores más comunes en la población y del que menos se recurre a ayuda profesional para solucionarlo. Ante una audiencia a la que dirigirnos sentimos miedo, nerviosismo e indefensión al no saber cómo actuar. Este miedo se contrarresta por una lógica tan sencilla basada en que son pocas las ocasiones fuera del ámbito escolar en el que tenemos que exponer ante un grupo de personas amplio.

¿Podemos considerar dicho miedo como una fobia? Por supuesto, y es que el miedo a hablar en público nace y se desarrolla como cualquier otra fobia. De igual modo que evitamos en las fobias el elemento que nos aterroriza en el caso del miedo a hablar en público esquivaremos todas las situaciones posibles en las que nos veamos hablando ante una multitud. El tamaño del grupo puede incluso reducirse a unos pocos cuando nuestro miedo es realmente profundo.

Las claves que hoy proponemos para superar el miedo a hablar en público tienen un punto en común: necesitan constancia. Aplicarlas para superar una exposición aislada no nos ayudará a que perdamos dicho miedo.

    Índice

  1. No dejes lagunas en tu presentación

    Antes de comenzar a trabajar sobre nuestro miedo debemos hacer algo básico: evitar que realmente pasemos vergüenza objetiva. Tener preparado nuestro discurso mejorará la sensación de tener la situación bajo control. Puede que nos pongamos nerviosos por otros motivos pero no que haya una causa clara que podemos controlar por nuestra cuenta. Ya sea que tengas que exponer un tema, dar una clase, rendir un exámen oral, es muy importante que tengas muy sabido aquello que debes exponer, esto te dará seguridad y será un motivo menos para entrar en pánico.

  2. Los nervios son parte del éxito

    Esta es una de las características de las personas con buenas habilidades sociales que suele ser más desconocida. Tener algo de nervios es positivo para que todo salga bien. No hay una situación donde nos encontremos perfectamente calmados y podamos salir como si estuviésemos hablando en nuestra casa. Si realmente nos intentamos mostrar así de tranquilos sólo conseguiremos que nuestros nervios afloren de golpe el día de la auténtica presentación.

    Es por ello que lo más recomendable es encontrar un punto intermedio entre nerviosismo y seguridad personal. Estar con cierta ansiedad nos ayudará a centrar nuestra atención en el problema que tenemos delante, asegurándonos de que no haya falsas distracciones pensando que cuanto más calmados estemos mejor nos saldrá.

  3. Organiza todos los puntos implicados

    Cuando realizamos un orden personal en cualquier actividad tomamos el control de la situación. Organizar la presentación y las actividades que haremos los días previos nos ayudará a relajarnos sin que surja la ansiedad de estar perdiendo el tiempo. No hay que confundir organización con exceso de cuidado, si nos centramos demasiado en tareas a su alrededor podemos llegar a sentirnos agobiados ante el reto que se nos plantea.

  4. Utiliza la respiración

    La respiración es una excelente herramienta para calmar la mente y salir de un estado de ansiedad en cuestión de minutos. Puedes hacer algún ejercicio respiratorio sencillo como por ejemplo una respiración rítmica: inhala lentamente contando hasta 4 y exhala con control contando hasta 4. Este simple ejercicio afectará directamente a tu estado mental y te sentirás más calmo. Sé consciente de tu respiración en el momento de la exposición, si ves que comienzas a ponerte nervioso, respira profundamente y exhala con suavidad. No tengas miedo de los silencios que se puedan crear mientras respiras.

  5. Piensa en ti, no en quienes te observan

    Un truco muy utilizado por los expertos en exposiciones, debemos centrarnos en nuestras palabras y el contenido del discurso, no en las personas que nos observan. Si dejamos que nuestra mente divague sobre las miradas o los posibles comentarios rápidamente realizaremos asociaciones erróneas respecto a nuestra actuación, creyendo que estamos haciéndolo mal incluso aunque no haya ningún indicador objetivo.

¿sabías qué...?

El miedo a hablar en público puede darse incluso con nosotros mismos mirándonos al espejo. No hay nada más vergonzoso para algunas personas que verse vocalizar por primera vez.

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