¿Qué es el linfocito B y para qué sirve?

Te contamos todo acerca del linfocito B y cómo defiende al organismo frente a los antígenos

El cuerpo nunca deja de sorprendernos, y hoy veremos como el organismo se defiende de los elementos o bacterias extrañas que intentan invadirlo. En realidad, la sangre posee millones de ”pequeños soldados” o leucocitos, también conocidos como glóbulos blancos, que localizan las bacterias invasoras, llamadas antígenos. Con la ayuda de otros “aliados” (como los macrófagos), no sólo eliminan los antígenos sino que forman a partir de ese primer contacto un batallón de más leucocitos que actuarán mucho más rápido y eficientemente la próxima vez que ese misma bacteria invasora entre en la sangre.

A continuación veremos cuántos leucocitos existen en el organismo.

Tipos de leucocitos

Dentro del grupo de leucocitos podemos distinguir la siguiente clasificación y características:




Neutrófilos 

Se producen en la médula ósea y actúan directamente sobre cualquier infección bacteriana o micótica. Si los neutrófilos están bajos, el organismo será más propenso a sufrir infecciones, al contrario de lo que ocurre en el caso de que los neutrófilos estén altos ya que esto indicaría que existe una infección o un trastorno crónico.

Eosinófilos 

Los eosinófilos son los encargados de proteger el organismo de la entrada de alérgenos o bacterias, es decir, las infecciones parasitarias. Cuando están altos indican la presencia de reacciones alérgicas como asma o urticaria. Si los eosinófilos están bajos indica la presencia de un tipo de infección aguda en su fase inicial.

Basófilos 

Son los encargados de liberar una sustancia conocida como histamina, una sustancia antiinflamatoria que se libera cuando penetra en el organismo una sustancia alérgena. Las causas de un nivel alto de basófilos indican que hay una enfermedad respiratoria o una infección de la sangre. Un nivel bajo significa que hay menos de 20 células por litro de sangre lo cual se traduce en urticaria autoinmune o leucemia.

Monocitos 

Los monocitos son los glóbulos más grandes del organismo, y su principal función es la de comer restos celulares y microorganismos. Los monocitos altos indican la presencia de una infección, ya que aumenta la producción de estos glóbulos para combatirla. Sin embargo, un nivel bajo de monocitos puede aparecer porque hay una falta de vitaminas o por la ingesta de ciertos medicamentos.

Linfocitos 

Los linfocitos defienden al cuerpo de cualquier cuerpo ajeno, ya que son capaces de reconocer material extraño. Un nivel alto puede indicar la presencia de una infección viral. Un nivel bajo puede ser causa de problemas en la sangre, aunque es una situación normal durante el embarazo ya que en este período el sistema inmune se encuentra deprimido para evitar que el feto sea considerado un antígeno. Dentro de los linfocitos podemos encontrar dos subtipos: los linfocitos T implicados en la inmunidad celular, y los linfocitos B responsables de la inmunidad humoral.

En Spoots profundizamos aún más en las funciones de este tipo de linfocito y cómo actúa en el organismo.

¿Qué son los linfocitos B y para qué sirven?

Los linfocitos B son un tipo de leucocitos (glóbulos blancos) cuya principal misión es la producción de anticuerpos o inmunoglobulinas, constituyendo entre un 6 a un 15% del total de leucocitos presentes en la sangre. Los leucocitos B forman parte del sistema inmune y son responsables de la formación de anticuerpos frente al ingreso de antígenos, adhiriéndose a ellos.

Los linfocitos B no pueden penetrar en la célula del antígeno, por lo que recurre a un “aliado primo-hermano”, el linfocito T, quien será el encargado de esta función.

¿Dónde se forman los linfocitos B?

Las células B (así como los linfocitos T), que a su vez se subdividen en linfocitos b1 y b2, se forman e inician su maduración en la médula ósea (órgano linfoide central) por medio de un progenitor linfoide común, terminando su maduración en el tejido linfoide periférico. Sin embargo, es en la médula ósea donde se diferencian de los linfocitos T.

¿Cómo producen las defensas los linfocitos B?

El mecanismo por el cual los linfocitos B sintetizan los anticuerpos es digno de ser admirado: cuando una bacteria o elemento extraño (llamado antígeno) entra en el organismo, es parada por los macrófagos, quienes dejan la bacteria “cortada” en pedazos más pequeños. Luego de esta acción, algunas de estas partes desmenuzadas son “servidas” a los linfocitos B por parte de los macrófagos para que hagan la siguiente etapa del trabajo de eliminación.

Ees entonces cuando se produce la activación del linfocito B, que al entrar en contacto con los restos de la bacteria produce una cierta cantidad de anticuerpos o inmunoglobulina, encargada de eliminar los restos del antígeno. La inmunoglobulina se produce por la presencia de un receptor de linfocitos B (BCR) capaz de reconocer el antígeno.

Sin embargo, no solamente harán eso, sino que a partir de ese linfocito B activado se creará toda una colonia de “descendientes”, que será como un pequeño ejército que atacará al antígeno con mayor fuerza y rapidez si osa entrar nuevamente en nuestro cuerpo.  Esta nueva colonia estará formada por clones del linfocito B original, estando programadas para responder específicamente a ese tipo de antígeno.

¿Qué pasa con las mutaciones dañinas de linfocitos B?

Sabemos que los linfocitos B son parte esencial de nuestro sistema inmunitario al ser la mejor línea de defensa contra elementos extraños. Sin embargo, algunos linfocitos B también pueden sufrir mutación y convertirse en cancerígenos, dando lugar a un cáncer llamado linfoma. Con el mismo mecanismo de propagación y clonación que vimos de los linfocitos B para defender el organismo, podrían multiplicarse lamentablemente estas células cancerígenas por la sangre.

Cuando el nivel de linfocitos es superior a 3.000 por microlitro de sangre en adultos se considera que existe una linfocitosis causada por una inflamación crónica, una infección o una leucemia (en combinación entre otros síntomas con un bajo conteo de plaquetas). En niños, sin embargo, el umbral es más alto y se sitúa en un intervalo de entre 7.000 y 9.000 linfocitos por microlitro de sangre.

¿sabías qué...?

Hay básicamente 3 tipos de linfocitos: los linfocitos B, linfocitos T y linfocitos Nk, cada uno con diferentes funciones en la defensa del organismo frente a los antígenos.