Enfermedades psicosomáticas: en qué consisten

Descubre las características de estas desconocidas enfermedades

La relación entre el cuerpo y la mente siempre se ha tratado de una forma superficial, sin llegar a encontrar una relación clara entre ambos elementos; sabemos que hay 'algo' pero no podemos ni definirlo ni cuantificarlo. En las enfermedades psicosomáticas nuestro cuerpo exterioriza dolencias sin aparente explicación médica. Nos duele una parte, la señalamos directamente pero es imposible darle causa a nuestro dolor.

Este tipo de enfermedades se ha disparado en los últimos años debido a su estrecha relación con el estrés. Aunque no tiene que ser necesariamente el origen de nuestro dolor, sí es una causa habitual para enfermar, afectando tanto a nuestra conducta como a las defensas naturales de nuestro cuerpo. Debemos recordar que el estrés afecta directamente a nuestro sistema inmunológico haciéndonos más vulnerables a enfermedades de todo tipo.

Un dolor ajeno a la medicina

El gran problema de las enfermedades psicosomáticas es la imposibilidad de hacer un diagnóstico: no hay síntomas visibles, las pruebas no arrojan resultados y las declaraciones del paciente son más vagas de lo habitual. Este tipo de enfermedades requieren siempre de ayuda psicológica, dejando en un segundo plano la médica. No significa que la medicina no tenga nada que aportar en ellas, se vuelve complementaria a un tratamiento mucho más adecuado para este tipo de casos.




Hay que sumarle además un problema adicional: las personas aquejadas de enfermedades psicosomáticas suelen exagerar su dolencia. Se vuelven extremadamente sensibles, creyendo que lo que sienten es prácticamente incurable. El dolor no se puede soportar y la falta de tratamientos inmediatos sólo consigue que se intensifique. Ante esto los médicos repiten constantemente las pruebas de diagnóstico alargando una evaluación que no llevará a nada hasta acudir al profesional adecuado.

La estrecha relación entre el dolor y la mente

Una de las ideas más establecidas sobre los problemas psicológicos es que se tratan exclusivamente de casos como la ansiedad, la depresión o las obsesiones. No nos planteamos que una enfermedad psicológica también pueda producir un dolor físico, descartándolo al instante. Aunque no hay un transtorno psicológico que produzca exclusivamente dolor físico sí hay muchos que se manifiestan principalmente en nuestro cuerpo.

Situémonos en una situación habitual: la ansiedad al buscar trabajo. Es fácil que diferenciemos entre la ansiedad en forma de nerviosismo e incertidumbre del dolor físico pero, en cambio, es muy difícil que sepamos valorar correctamente el dolor. Los dolores de cabeza, los cambios de temperatura y la sed repentina son también consecuencias comunes en los ataques de ansiedad, relacionándolas con enfermedades internas que sólo consumen tiempo y recursos.

En este punto tenemos también otro escollo: la negativa constante de que tenemos un problema psicológico. Si nos duele físicamente descartaremos que pueda haber algo más detrás, llegando incluso a ofendernos si insisten en exceso. Estamos en el mismo punto anterior, perdiendo tiempo mientras tratamos de buscarle una explicación sencilla a un problema que no desaparece con los métodos médicos habituales.

La tautología del dolor psicosomático

Puede parecernos imposible pero las enfermedades psicosomáticas pueden llegarnos a sernos 'útiles'. El dolor físico asociado a la depresión o el estrés nos sirve como excusa para seguir lamentando nuestra situación. Al darle provecho hacemos que el dolor tenga sentido, pudiendo intensificarlo inconscientemente y haciendo que aparezca más veces de lo habitual. Por supuesto, dicho dolor aumentará en consonancia con las visitas al médico, una vía de escape al problema psicológico que sufrimos.

Romper este círculo sólo se consigue una vez hemos asumido que el problema está más allá del puro dolor y hemos acudido al profesional correcto. Pretender que el dolor desaparezca tomando una pastilla o que el tiempo haga que se pase por sí mismo solo logrará acrecentarlo, haciendo más habituales los episodios de dolor psicosomático.

¿sabías qué...?

Igual que existe el dolor psicomático se da la 'curación' psicosomática, pensando que tener sentimientos positivos y una actitud decidida hará que nos sintamos mejor. Lo más paradójico es que tiene fundamento científico ya que nuestro estado de ánimo influye directamente en las defensas del organismo.

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