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Resiliencia

Actualmente se considera la resiliencia desde el aspecto psicológico, entendiéndose como la capacidad de los seres vivos de superar situaciones de dolor físico o psicológico. Tras sufrir dichas penalidades, si estos seres consiguen salir de ellas positivamente, se dice que poseen mucha resiliencia.

La RAE hace referencia solamente a las personas como seres capaces de tal habilidad, sin embargo, muchos animales que también sufren, consiguen tener una vida normal y tras un duro periodo de adaptación pueden seguir adelante, por lo que nos parece algo inexacta dicha definición.

Este concepto está ligado con la autoestima, ya que si se tiene una alta autoestima, es más probable salir de situaciones adversas con éxito.

Origen de la palabra resiliencia

La palabra resiliencia fue tomada de un término usado en la física para denotar la flexibilidad de algunos materiales que recuperaban la forma aun después de ser estirados.

Fijándonos en su procedencia, proviene del latín: “resalirentia”, que viene a significar literalmente; “la cualidad del que vuelve a saltar y quedar como estaba anteriormente”.

La resiliencia en las personas

En el caso de las personas, la capacidad de resiliencia que desarrollen en su infancia y adolescencia será crucial para enfrentar los diversos desafíos de la vida a los que nadie está exento. En la etapa infantil, es importante que los padres puedan inculcar una buena autoestima en el niño, junto a otras capacidades como la independencia y respeto por los otros.

Siendo así, la búsqueda de la felicidad en los niños no debiera estar ligada a cosas materiales per se, sino a un desarrollo integral en su carácter que les permita tomar los problemas como desafíos inherentes a la existencia, logrando un bienestar que no irá en función de los eventos externos, sino más bien como consecuencia de una paz interior y manejo de las emociones. Algunos llaman en parte a esto inteligencia emocional. Veremos a continuación entonces varios aspectos de la personalidad y del carácter que se debieran trabajar desde pequeños para lograr éxito en la vida emocional.

Las 8 bases de la resiliencia

Cada persona es única, sin embargo, las siguientes pautas son un buen comienzo para tener una buena capacidad de resiliencia:

  • Motivación: Se trata de ponerse unos objetivos vitales que sean alcanzables y propios para cada persona.
  • Confianza en uno mismo: Lo anterior no puede conseguirse si no se tiene absoluta certeza en que al menos se va a intentar con todas sus fuerzas.
  • Humor y optimismo: La cualidad de solventar problemas sacándoles algo bueno y no hundiéndose en lo malo.
  • Compromiso y colaboración: El compromiso de unos valores y la colaboración de ayudar a la sociedad basándose en ellos.
  • Moralidad y coherencia: Si se tiene claro lo que se quiere, y se siguen unos criterios definidos, será más fácil afrontar los malos momentos.
  • Control emocional: La facultad de no dejarse llevar por las emociones y seguir viviendo su vida.
  • Introspección: Para mejorar, es necesario vernos a nosotros mismos y comprender por qué nos afecta el mundo exterior.
  • Independencia emocional: Muchas veces, el volcarse emocionalmente no trae más que problemas, por lo que es importante saber poner una distancia prudente con ellos sin llegar a aislarse completamente.

La resiliencia en la ecología

El concepto de resiliencia en la ecología hace referencia a la habilidad o capacidad de una comunidad en poder adaptarse a los cambios externos a los que está expuesta sin modificar su interacción con el entorno. El concepto de resiliencia, en este ámbito, estará entonces ligado a la sobrevivencia, pues afecta su destino. Una comunidad que es resiliente podrá autoorganizarse de forma de que esta adaptación al entorno no quiebre su gestión y funcionamiento interno.