Cómo motivar a los estudiantes conflictivos

Ideas para poder ayudar a los estudiantes más difíciles de manejar

Tratar con los llamados estudiantes conflictivos es un reto tanto para docentes como para educadores independientemente de la experiencia y formación de la que dispongan. Este tipo de estudiantes se caracterizan por su falta absoluta de motivación y sus dificultades para adaptarse al ritmo escolar. Alumnos que no consiguen encontrar la forma de desenvolverse en las aulas y que no se involucran de forma activa en el desarrollo escolar independientemente de los castigos que se les impongan.

Para poder motivar a los estudiantes conflictivos debemos ante todo tener paciencia y saber administrar refuerzos y castigos consecuentemente. Nunca servirá aplicar castigos de forma constante, al mismo tiempo que premiar cualquier signo de avance solo conseguirá empeorar la situación. No es nada fácil conseguir motivar a un estudiante realmente conflictivo por lo que disponer de un periodo de tiempo amplio junto a altas dosis de paciencia serán fundamentales para poder obtener resultados visibles.

    Índice

  1. Pide una evaluación completa del estudiante

    Los alumnos conflictivos que se caracterizan por su pésimo rendimiento escolar pueden ser víctimas de dificultades ajenas al aula las cuales no han sido correctamente evaluadas. Trata de pedir una evaluación completa para descartar o, en el caso de haberlos, abordar problemas externos. Desde trastornos atencionales hasta dificultades en el ámbito familiar, la conflictividad de un alumno no tiene por qué relacionarse necesariamente con la motivación o la forma de impartir las clases.

  2. Mantén un diálogo constante dentro y fuera del aula

    Mantén un diálogo constante dentro y fuera del aula

    Cuando los estudiantes conflictivos son ignorados por los educadores las conductas que muestran en clase se intensifican, acentuando el problema y prolongando su duración en el tiempo. Trata de mantener reuniones con él periódicas, mostrando interés en el aula involucrándole en la clase. Este tipo de estudiantes se caracteriza por preferir que les ignoren para poder mantener su forma de actuar, logrando su atención por pura repetición a medida que insistimos en que se comunique con nosotros.

  3. Involucra a su entorno directo

    Tanto los padres como las personas que formen parte de su círculo social de forma habitual deben participar en el proceso. Asegúrate de que se encuentre respaldado en todo momento al mismo tiempo que vigilan su forma de actuar. Es particularmente importante cuando el motivo de su rebeldía se relaciona con la falta de atención por parte de los progenitores, una situación a la que se enfrentan muchas familias que no comprenden por qué el niño se comporta de una manera tan extravagante en el colegio.

  4. Interésate por sus aficiones

    Interésate por sus aficiones

    Los estudiantes conflictivos siguen siendo jóvenes con sus propias aficiones. Trata de conocer sus gustos y conviértelos en oportunidades para motivar su rendimiento escolar. Si es aficionado al fútbol o a los videojuegos podemos realizar horarios donde estas actividades formen parte de un programa completo en el que se incluyan labores relacionadas con la escuela. Aunque pueda parecernos imposible al principio debido a la rebeldía del alumno acabará comprendiendo que si no actúa correctamente en el colegio no podrá mantener esas aficiones, al mismo tiempo que serán reforzadas a medida que consiga logros a nivel académico.

  5. Nunca rías sus actos de rebeldía

    Una de las peores cosas que se pueden hacer con los estudiantes conflictivos es sonreír o directamente reírnos con sus ocurrencias. Este tipo de actos se realizan para llamar la atención, reforzándolos si nos mostramos complacidos. Es fácil que alguno de ellos realmente nos parezca divertido pero como educadores hemos de evitar en todo momento mostrar cualquier atisbo de agrado ante lo que hace. Mantener una conducta tajante con este tipo de conductas hará que las regule con el paso del tiempo.

¿sabías qué...?

La famosa frase de que los niños conflictivos son los que más se quieren al final tiene cierta parte de verdad. Este tipo de casos producen que nos involucremos emocionalmente, pudiendo resultar en personalidades arrolladoras o expertos manipuladores.