Qué hacer si no me gustan los amigos de mi hijo

Los mejores consejos para afrontar una situación recurrente en padres de adolescentes

A medida que nuestro hijo cumple años su círculo de amistades va definiéndose a la par que se nos va haciendo cada vez más opaco a nuestros ojos como padres. De pequeños conocemos perfectamente a sus amigos pero entrando en la adolescencia, gracias a la mayor libertad que les damos, aparecen personas de las que apenas sabemos nada. Un amigo conflictivo puede influir mucho más que cualquier otra fuente en los jóvenes. Aunque lo nieguen e insistan que ellos no son como los demás.

Es sin duda una de las situaciones más complicadas de manejar. No podemos elegir a los amigos de nuestros hijos ni mucho menos planteárnoslo como opción. Cualquier tentativa de convencerles para que dejen de verse con esas personas o de que salgan con otras que son más de nuestro agrado lo tomarán como una oportunidad más para mostrar su rebeldía, saliendo todavía más con los amigos conflictivos y dejando de lado a los que consideramos personas sanas para que se vean.

¿Son realmente tan malos sus amigos?

Antes de confrontar el problema con nuestro hijo debemos hacer un ejercicio de autoconciencia. ¿Por qué nos molestan tanto sus amigos? ¿Es realmente tan reprobable lo que hacen? ¿Nuestros amigos actuales son ejemplos a seguir? ¿Sabemos de verdad si son íntimos amigos o simplemente coinciden en el grupo? Muchas preguntas que como padres pasamos por alto, nublándonos por el bienestar de nuestro hijo y el pensamiento constante de que él apenas sabe nada de la vida.

Lo primero que hay que aceptar es que como padres tendemos a exagerar cualquier punto negativo que haya en la vida de nuestro hijo. Puede que ese chico no estudie mucho pero si nuestro hijo sigue cumpliendo con sus objetivos y no muestra queja por ello no pasa nada porque el otro muchacho apenas rinda en la escuela. ¿Y si le hemos visto fumando? No significa que nuestro hijo lo haga necesariamente, más todavía si le hemos inculcado el peligro que conlleva.

Por otra parte, hay que comprender que nuestro hijo tenderá a estar con personas parecidas a él. Si aparece alguien completamente contrario puede que le atraiga esa sensación de desconocimiento, de estar fuera de las reglas, pero este sentimiento no suele extenderse más allá de encuentros ocasionales. El espacio que le demos a nuestro hijo mientras nos hacemos notar interesándonos por sus amistades será más que suficiente para darnos cuenta si realmente son amigos que puedan influir en su forma de pensar o solo personas espontáneas que apenas le afectarán.

Educación constante: prevenir antes que curar

La educación de nuestros hijos en torno a sus relaciones sociales debe darse desde que tienen uso de razón. Hacerles ver la importancia de tener amigos de confianza es clave para que tengan sentido crítico. Si nunca hemos participado activamente en los encuentros con nuestro hijo y sus amigos será difícil hacerle notar que poder llamar amigo a una persona va mucho más allá que salir de vez en cuando con él, tiene que haber una relación íntima donde llegar a conocerle en profundidad.

Desgraciadamente este tipo de problemas nos los planteamos casi siempre cuando ya está la amistad aparentemente perjudicial consolidada. Nunca es tarde para seguir educando a nuestro hijo, incluso si sus amigos no son de nuestro gusto. Más allá de conductas que objetivamente requieran nuestra intervención (como el consumo de alcohol o el tabaquismo) podremos hacerle ver que ese compañero de clase que hace que pierda tiempo de estudio no está realmente haciéndolo para que pasen más tiempo juntos. En este punto la clave es mantener un ambiente de enseñanza, no corrector evitando sacar claramente defectos de esa persona.

Para poder seguir educando es fundamental que mantengamos una comunicación constante con nuestros hijos. Al plantearle cuestiones incómodas como la poca credibilidad de sus nuevos amigos es fácil que intenten abandonar la escena, ya sea gritando o evitando hablar con nosotros mientras nos rehúsa la mirada. No hay que amedrentarse en estos casos, si no queremos que tenga la sensación de que no le comprendemos hay que iniciar y mantener las conversaciones, dejando que nos aporte su punto de vista y dándole el nuestro sin caer nunca en la tentación de hacerle ver que es 'obvio' que ese amigo suyo no es recomendable.

¿sabías qué...?

Los padres que más se preocupan por los amigos de sus hijos suelen haber sido paradójicamente los que han vivido situaciones de adolescentes con amistades conflictivas. Nada mejor que mirar al pasado y plantearnos cómo vivimos su misma época con este tipo de problemas.