Qué es el complejo de Electra

Conoce uno de los trastornos más extraños de la Psicología

Cuando hablamos del complejo de Edipo todos sabemos hasta cierto punto en qué consiste gracias al mundo del cine y la literatura, pero lo que mucha gente no sabe es que existe su versión femenina en forma de complejo de Electra. El deseo de la hija por su padre se torna en agresividad y mal comportamiento al competir con su madre y otras mujeres del entorno. No hay que centrarse en un deseo que pueda conllevar a un encuentro íntimo, es querer la atención de la figura paterna para ella en exclusiva.

En el complejo de Electra la relación con la madre es uno de los aspectos más conflictivos. La ambivalencia entre madre e hija se da continuamente en el desarrollo, con periodos de amor y odio constantes. Normalmente la figura materna es la más intensa en los primeros años de vida, sentimiento que se extiende en el complejo de Electra hasta que choca directamente con la nueva forma de ver al padre. El deseo de querer a la figura paterna en exclusiva para ella produce que la madre se convierta en una competidora por su atención, al mismo tiempo que sigue siendo una de las personas más involucradas en su cuidado.

Desarrollo del complejo en la primera infancia

Partiendo de las teorías freudianas como base del trastorno encontramos que la cercanía es el elemento más importante para el complejo de Electra. Normalmente los primeros años la madre centra su atención y cuidados en el bienestar tanto físico como emocional de la niña, haciendo que el vínculo afectivo con el padre se ralentice al no estar habitualmente tan involucrado. Además, y alejándose de la teoría base de Jung, se ha demostrado que desde el nacimiento los bebés son capaces de reconocer la voz de la madre e incluso su olor, factores fisiológicos que afectan inevitablemente al desarrollo de dicho vínculo.

Entre los 3 y 6 años es cuando encontramos la manifestación más clara del complejo. La rebeldía es el aspecto más claro para los padres, viendo cómo la niña prefiere hacer cualquier actividad con el padre llegando incluso a relegar a la madre a una suerte de relación donde se comparten los momentos obligatorios en los que haga lo que haga no podrá pedir a su padre que se encargue. En el juego notaremos la insistencia en que su padre participe, prefiriendo incluso dejar de jugar que tener que hacerlo con la madre.

Al mismo tiempo, aunque es un complejo que suele desaparecer por sí mismo, es sencillo que las conductas más rebeldes se extiendan a la adolescencia. No habrá nunca ningún tipo de deseo carnal pero sí habrá un apoyo incondicional a las opiniones y pensamientos del padre, llegando a desprestigiar a la madre a la menor ocasión disponible. Es un comportamiento que podemos achacar fácilmente a los cambios que se dan en la adolescencia, pero debemos valorar la posibilidad de que haya habido un complejo de Electra en la etapa de la infancia que no llegados a identificar en su momento.

Consecuencias en la edad adulta

Podemos pensar que en la edad adulta cualquier tipo de comportamiento relacionado con el complejo de Electra se ha extinguido completamente y aunque es cierto en la mayoría de casos hay que valorar cómo esos mismos comportamientos repercuten en comportamientos adultos que podemos calificar, como mínimo, de extraños. Aunque normalmente las responsabilidades en el contexto adulto impiden conductas extremas sí encontramos casos en los que directamente la falta de atención en el complejo de Electra infantil se manifiesta en la edad adulta.

Uno de los aspectos más importantes es la preferencia por hombres dominantes, sustituyendo la figura paterna que no consiguieron acaparar en la infancia. No es un rasgo necesariamente negativo pero este tipo de conductas se relacionan con dependencia emocional y tendencia a la denostación constante de la pareja junto a una admiración extrema. Las relaciones se vuelven tóxicas, difíciles de mantener y muy perjudiciales cuando se tiene intención de llegar a una relación duradera con planes de futuro.

Por último, no todos los aspectos son negativos: la unión con la figura materna se consolida en la edad adulta. La falta de comprensión en la infancia normalmente produce una búsqueda tanto de una relación amorosa dominante como de la reconciliación con la madre, logrando que haya una unión mucho más fuerte de lo que se podría plantear durante la adolescencia.

¿sabías qué...?

El complejo de Electra no entiende de género, pudiendo darse en los niños buscando la atención constante del padre. Una posibilidad que Freud y Jung no plantearon en su momento y que debe valorarse actualmente.