Qué es la amistad verdadera - Significado y reflexión

Cómo entender qué significa la amistad verdadera

La amistad es uno de los sentimientos más anhelados a la par que más esquivos. Todos tenemos una definición personal de lo que es la amistad, pero pocos somos los que nos atrevemos a aventurar qué significa tener un amigo verdadero. Mientras la amistad se reduce a un sentimiento de cercanía, en la amistad verdadera llegamos a equipararla con la propia familia. Una suerte de sentimiento que muchas personas ni siquiera llegan a experimentar alguna vez en la vida, temerosos por equivocarse al confiar en exceso en los demás.

Es importante que nos demos cuenta del matiz ya añadido: la amistad verdadera se parece mucho a una relación de familia. Los auténticos amigos permanecen a nuestro lado pase lo que pase, sin dudar de nosotros en ningún momento. En la vida vivimos situaciones que harán que dudemos incluso de nosotros mismos, ya sea por nuestras capacidades personales, nuestra experiencia o el pensamiento de que simplemente tenemos una mala suerte innata. Este tipo de casos son los que producen que los auténticos amigos salgan a la luz, animándonos a continuar sin que los pensamientos nos atrapen.

La empatía, clave de la amistad

Siempre se dice que los amigos verdaderos son los que con una simple mirada ya son capaces de saber cómo nos sentimos. No le falta razón, la empatía es un sentimiento fundamental para que se pueda desarrollar una amistad verdadera. La capacidad de descubrir detrás de las palabras lo que se quiere realmente transmitir, interpretar una simple mirada y utilizar sencillos gestos cuando queremos apoyar a nuestro amigo. Detalles que solo ocurren cuando los amigos verdaderos tienen la confianza suficiente.

¿Cómo desarrollamos esta empatía? Del mismo modo que la amistad verdadera, con tiempo, dedicación y auténtico deseo de comprender a la otra persona. Los auténticos amigos no surgen en poco tiempo aunque sintamos que esa persona es realmente única. Son amistades trabajadas, con deseo real de seguir avanzando en el proceso de profundizar en la otra persona. El esfuerzo es necesario a lo largo de la amistad, notando desde el primer momento que queremos hacer las cosas correctamente y no tratar de alcanzar una falsa amistad en poco tiempo.

En la amistad verdadera la empatía llega a transformarse en cariño. Un deseo verdadero en que la otra persona se encuentre en perfectas condiciones, sabiendo su estado anímico al mismo tiempo que conociendo su situación personal. Es ese sentimiento de cercanía, de querer que las cosas le vayan bien por delante de todo, incluso de nuestro propio bienestar. El cariño más cercano a esta amistad verdadera es el que encontramos con la familia principal, deseando que todo avance como es debido.

Una relación por encima de las circunstancias

Si desarollar una amistad verdadera es realmente difícil todavía más es conseguir mantenerla. La vida da muchas vueltas, siendo imposible predecir realmente lo que ocurrirá en un futuro cercano a nivel personal y, por supuesto, con nuestros amigos. Un auténtico amigo hará que notemos su presencia incluso aunque no esté físicamente con nosotros. Puede que pase mucho tiempo sin vernos, incluso que por circunstancias personales tengamos que alejarnos permantemente, pero de una forma u otra el interés sigue, aprovechando la mínima oportunidad para mantener el contacto.

Las amistades verdaderas permanecen por encima de los problemas. Con el paso de los años es sencillo que surjan situaciones que nos pongan en conflicto con nuestros amigos, problemas que no pueden definirse de forma sencilla y que nos obligarán a situarnos en una posición incómoda con nuestros mejores amigos. Es en este tipo de casos donde desucubrimos cómo los amigos verdaderos tienen paciencia, mesura, saben que con el tiempo la amistad prevalecerá por encima de lo ocurrido. Una amistad capaz de superarlo todo para siempre.

¿sabías qué...?

Se estima que no tendremos en la vida más de uno o dos amigos verdaderos. El esfuerzo y el interés que depositamos en la amistad verdadera es tal que sería engañarnos a nosotros mismos pensar que tenemos muchos amigos auténticos.