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Cómo poner límites a mi hijo adolescente

Que la adolescencia es una de las etapas más complicadas de la vida no es algo que se ponga en duda ya. Los cambios que sufrimos en la adolescencia se traducen en irritabilidad, impulsividad y pérdida de control. No es solo la forma de sentirlos interiormente, la manera en que expresan las consecuencias de dichos cambios se vuelve incontrolable tanto para su entorno como para los propios adolescentes. Si sumamos el complicado efecto de establecer límites haciendo más atractiva la conducta que estaban realizando tenemos una de las combinaciones más complicadas de manejar por parte de los padres.

Poner límites a los hijos adolescentes no es tarea fácil. Debemos cargarnos de paciencia y comprensión, asumiendo que nos equivocaremos en muchas ocasiones. Tener dudas es completamente normal, al mismo tiempo que habrá ocasiones donde dejaremos pasar conductas reprochables por puro cansancio. Un hijo adolescente es muy complicado de manejar, sobre todo si es el primero y no tenemos experiencia en el trato.

 

    Índice
  1. 1 No recrimines conductas que tú haces
  2. 2 Permite que se defienda ante los reproches
  3. 3 Reconoce sus méritos
  4. 4 Consistencia en nuestras decisiones
  5. 5 Nunca dejes de ser fiel a tu forma de pensar
  • 1

    No recrimines conductas que tú haces

    Como padres somos el ejemplo a seguir, modelos de los cuales nuestros hijos desarrollan buena parte de su forma de actuar. Si nosotros hacemos lo mismo que queremos que dejen de hacer será muy difícil que realmente lo consigamos eliminar. No es solo cuestión de conductas obvias como el tabaco o el alcohol, comportarnos de una forma poco educada o alzar la voz constantemente también son conductas aprendidas por pura observación. Si tratamos de recriminarlas no solo no conseguiremos eliminarlas, pondremos en nuestra contra a nuestros hijos al mostrarles que está bien si las hacemos nosotros.

  • 2

    Permite que se defienda ante los reproches

    Cuando actuamos de forma recriminatoria es muy sencillo que actuemos más como castigadores que como educadores. Debemos dejar que argumente el motivo de su conducta, defendiéndose con calma y escuchándole. Puede que realmente estemos equivocados al valorar su forma de actuar, pudiendo al mismo tiempo recibir cierto feedback que nos permita comprender mejor por qué se comporta de esa manera.

  • 3

    Reconoce sus méritos

    Queremos eliminar determinados comportamientos, poniendo límites para que no lleguen a convertirse en un auténtico problema, pero es muy habitual que solo nos fijemos en su forma de actuar cuando se comporta negativamente a nuestros ojos. Es importante que valoremos sus méritos al controlarse tanto por nuestros consejos como por iniciativa propia. Si vuelve pronto a casa porque no le apetecía quedarse le reforzaremos comentándole su buena iniciativa, al igual que si se anima a adelantar el trabajo del instituto o decide organizarse de una forma que le dé tiempo aunque externamente parezca que no está cumpliendo con sus obligaciones.

  • 4

    Consistencia en nuestras decisiones

    Una de las peores cosas que podemos hacer es cambiar nuestra forma de actuar cada poco tiempo respecto a un mismo tema. Debemos ser consistentes en nuestras decisiones evitando parecer ambiguos o indecisos. Si castigamos una conducta lo mantendremos en todo momento, no cambiaremos de opinión con el tiempo por cualquier circunstancia extraña. De igual modo, es importante que ambos progenitores se muestren parejos a la hora de limitar a los adolescentes, si cada uno piensa y actúa de una manera distinta damos pie a que dude de nuestras palabras.

  • 5

    Nunca dejes de ser fiel a tu forma de pensar

    En la educación de los hijos es tremendamente fácil que multitud de personas nos aconsejen con su particular forma de ver las cosas. Si algo nos parece mal a nosotros debemos mantenerlo independientemente de cómo lo vean los demás. Esto no significa que seamos inflexibles y no nos abramos a las opiniones de los demás, es más un ejercicio de asertividad que nos dará confianza personal al mismo tiempo que transmitimos seguridad ante nuestros hijos.

¿Sabías qué...?

Los adolescentes son mucho más inteligentes de lo que podemos pensar por su forma de actuar. Saben la mayoría de veces cuándo actúan mal, jugando con el límite de nuestra paciencia en la mayoría de ocasiones. ¡Nunca hay que subestimarles!