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6 mitos sobre el sexo en la tercera edad

La senectud no consiste solo en unas arrugas extra, varias canas, más experiencia y dominio de las responsabilidades. La tercera edad, etapa de la vida encajada, en ocasiones, con una sutil resignación solo por el hecho de cumplir años, supone diversos cambios fisiológicos que pueden llegar a condicionar diferentes aspectos de la vida especialmente en el caso de las relaciones.

¿Uno de ellos? Ni más ni menos que la actividad sexual, un terreno complicado si se asocia con este colectivo de población debido a las numerosas suposiciones y prejuicios que lo rodean y que provocan que esta pérdida de deseo sexual se genere debido a determinados factores psicológicos supeditados o influidos por esos miedos, dudas y falsas convicciones.

En Spoots te mostramos que el apetito sexual y las ganas de hacer el amor cuando empieza la edad madura, tanto en hombres como en mujeres, no tiene fecha de caducidad, y para ello desmitificamos 6 de los mitos más habituales en cuanto al sexo en la tercera edad.

    Índice
  1. 1 El sexo en la tercera edad no es importante, no existe necesidad sexual y, si la hay, está fuera de lugar
  2. 2 La sexualidad comienza a debilitarse durante la menopausia hasta que desaparece con el tiempo
  3. 3 Un hombre de la tercera edad es incapaz de tener una erección
  4. 4 Tener sexo en la tercera edad puede llegar a ser perjudicial para la salud
  5. 5 Solo un bajo porcentaje de adultos en la tercera edad son activos sexualmente
  6. 6 A partir de determinada edad el sexo se convierte en tabú
  • 1

    El sexo en la tercera edad no es importante, no existe necesidad sexual y, si la hay, está fuera de lugar

    La identificación del envejecimiento con la disminución del deseo sexual es una de las ideas más extendidas y, sin embargo, muy poco acertada. El interés sexual, el anhelo de placer o la excitación no desaparecen, sino que persisten, y tan solo es cuestión de adaptarse a los cambios físicos anteriormente mencionados haciendo de la sexualidad algo pleno y acorde con esta etapa de la vida.

    No existen más limites ni impedimentos que los que cada uno ponga dependiendo de las circunstancias y de su capacidad fisiológica.

  • 2

    La sexualidad comienza a debilitarse durante la menopausia hasta que desaparece con el tiempo

    Si bien es cierto que, en el caso de las mujeres, la menopausia provoca una reducción del deseo sexual debido a una disminución en la producción hormonal o una posible sequedad vaginal, este no está condenado a desvanecerse por completo gracias a opciones como las terapias de reemplazo hormonal o los múltiples lubricantes vaginales que actualmente ofrece el mercado a sus consumidores. Todo ello junto a una buena alimentación rica en vitamina B y zinc convertirán este tipo de estereotipos en un mero “dicen por ahí”.

  • 3

    Un hombre de la tercera edad es incapaz de tener una erección

    Cualquier cambio normal y propio de este período en la fisiología, relacionada con el terreno del sexo, afectará en la práctica sexual. Pero que influya no significa que lo impida, y nuevamente existen opciones tales como ser conscientes de esos cambios e intentar adaptarse a ellos (cambiar posturas, emplear más tiempo en la estimulación, etc.) Para personas en concreto que sufren de disfunciones sexuales, existen además tratamientos y medicinas como el viagra.

    En cualquier caso existen ciertas terapias de psicología orientadas al sexo en la tercera edad, que dejan abierta la puerta a disfrutar de esta nueva época sin miedos.

  • 4

    Tener sexo en la tercera edad puede llegar a ser perjudicial para la salud

    La asociación de los coitos y en general de la actividad sexual y el riesgo de infarto en estas edades es una de las creencias más comunes y, sin embargo, más errónea. Salvo contraindicación médica por determinados factores que puedan generar algún tipo de riesgo, mantener sexo no supone peligro alguno, es más, el sexo tiene muchos beneficios y es que el placer que se genera favorece la activación cerebral, estimula el sentimiento de felicidad y mejora el dolor al suponer un buen ejercicio muscular. 

  • 5

    Solo un bajo porcentaje de adultos en la tercera edad son activos sexualmente

    Nada más lejos de la realidad. Las estadísticas no dejan lugar a dudas al respecto, y es que según estudios recientes, un 95% de personas de edades comprendidas entre los 50 y 60 años son activas sexualmente, alrededor de un 80% de entre 60 y 70 años también lo son, e incluso se afirma que dentro del grupo de los mayores de 70 años alrededor de un 70% de personas son activas sexualmente. Cumplir años por tanto, no está relacionado con una baja actividad sexual ni con la falta de erotismo. 

  • 6

    A partir de determinada edad el sexo se convierte en tabú

    Actualmente son muchos los factores negativos que se han dejado atrás. Se han derribado multitud de tópicos que, a modo de barrera, o bien habían sido levantados por imposición heredada o bien habían resistido a base de ideas equivocadas o falta de información.

    Evolucionar, el progreso, y, entre otras cosas, la predisposición para adaptarse a los nuevos cambios sociológicos y culturales, han supuesto un gran avance a la hora de derribar esos muros de prejuicios y dejar de intentar convencerse de una idea tan natural como sana.

    El buscar excusas, sentirse culpable, pensar que los ancianos ya no tienen por qué disfrutar del sexo o no hacer por “el qué dirán” han pasado a un segundo plano, y hoy en día son cada vez más parejas casadas, viudos o solteros los que saben disfrutar del sexo plenamente en la vejez.

Una de las grandes realidades que simboliza la llegada de la edad madura, es que hay que dejar atrás las imágenes y frases relativas a que la práctica del sexo no está vinculado a cumplir años. Lo cierto es que cumplir años implica más sabiduría, más equilibrio y por tanto más oportunidades de disfrutar del sexo sin tapujos, integrándolo en la vida diaria y disfrutando de todos sus beneficios a cualquier edad.

¿Sabías qué...?

Según algunas investigaciones, el hombre tiene su etapa de mayor excitación sexual por las mañanas durante el otoño.