Cómo adiestrar agapornis

Trucos esenciales para entrenar a tu mascota

Los agapornis son cada vez más populares entre la gente que quiere una mascota pero no puede permitirse por cuestiones de tiempo mantener un perro o un gato. Además de ser un animal de una belleza incuestionable, el agapornis es uno de los más agradecidos a la hora del adiestramiento, accesible para todas las personas independientemente de los conocimientos que dispongan respecto al adiestramiento de animales.

En esta pequeña guía os mostraremos unos consejos básicos para permitir que vuestro agapornis coja confianza y sea más sencillo el adiestramiento. Una vez logrado el acercamiento del animal podemos entrar dentro del proceso como tal recurriendo a programas sencillos de condicionamiento donde lograremos implantar diferentes conductas en nuestra mascota. Lo ideal es reducir el adiestramiento a conductas vistosas pero lo más parecidas posibles a su repertorio innato, como hacer que coma desde nuestra mano o permanezca quieto en nuestro hombro.

Consejos básicos previos al adiestramiento

El primer consejo principal para adiestrar agapornis es tener mucha paciencia. Cuando adiestramos a cualquier animal tratamos de hacer las cosas muy rápido porque queremos resultados inmediatos, algo prácticamente imposible de conseguir. Si queremos que realmente mantenga las conductas enseñadas tendremos que variar entre diferentes programas de condicionamiento, manteniéndolos en el tiempo para que la conducta arraige en el animal sin que llegue a extinguirse. Además, tendremos que retomarlo esporádicamente para afianzar la conducta.




Por otra parte, el animal debe acostumbrarse a nuestra presencia. Evitar gestos bruscos, meter la mano amenazadoramente en su jaula o tratar de cogerle con fuerza. Es mejor tratar de que sea el propio animal el que tienda a acercarse a nosotros, sintiéndose cómodo aunque estemos cerca de él. Una buena forma es ir manteniendo pequeñas porciones de comida a nuestro lado para que el animal se vea forzado a acercarse, repitiéndolo hasta que él mismo se acostumbre a estar cerca de nosotros de forma natural.

Recuerda que el bienestar del animal debe estar siempre por encima del adiestramiento. Si notamos que el agapornis está estresado es mejor dejar por ese día el adiestramiento. Nada de obligarle a realizar movimientos que se niega, ni a dejarle encerrado constantemente en la jaula sin trato alguno cuando hemos acabado el proceso. Ante todo es un ser vivo que merece respeto, una responsabilidad que mantendremos incluso si no llegamos a lograr un adiestramiento en condiciones.

Adiestrando a nuestro agapornis

Para adiestrar a nuestra mascota recurriremos a diferentes programas de condicionamiento basados en la recompensa. De esta forma, cuando nuestro animal realice la conducta que queremos mantener le premiaremos con un poco de comida, haciendo que el propio animal sea el que repita la conducta de forma voluntaria para poder lograr su premio.

Una buena forma de lograr el adiestramiento es premiar conductas que se parezcan a la que queremos lograr hasta alcanzarla. Si por ejemplo queremos que coma desde nuestro hombro sin moverse empezaremos dándole de comer cuando esté cerca nuestro fuera de la jaula, pasando entonces a que coma de nuestra mano. Del mismo modo le premiaremos cuando se pose en nuestro hombro hasta que permanezca quieto, premiándole nuevamente para que asocie esa parte de nuestro cuerpo con el premio.

No refuerces siempre la conducta una vez que la realice. Cuando el animal ya hace lo que queremos a través del adiestramiento pasaremos a una aplicación de recompensas escalonada, premiando algunas veces la conducta y otras dejándolo de lado. De esta forma, no establecerá una relación absoluta entre la conducta y el premio, realizándola más frecuentemente al no saber exactamente cuándo conseguirá su refuerzo.

¿sabías qué...?

Los agapornis son fantásticos para los niños, muy accesibles y sin peligro alguno. Eso sí, aunque creas que está perfectamente educado es mejor que cuando le sueltes sea en una habitación cerrada, nunca se sabe cuándo saldrá por la ventana sin darse cuenta.