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Habilidades sociales – Tipos y características básicas

Las habilidades sociales definen nuestra forma de movernos en el mundo. Son conductas que nos permiten interactuar con las personas a nuestro alrededor de forma adaptativa. En esta definición se valora tanto la conducta personal como los pensamientos que planteamos cuando nos encontramos con otra persona. Al mismo tiempo, se debe incluir el impacto de nuestra conducta, teniendo que estar seguros de que los demás cuando interactúan con nosotros se encuentran cómodos en todo momento.

Normalmente las habilidades sociales se desarrollan por el mero contacto pero pueden distorsionarse con el tiempo. Cuando vivimos experiencias negativas, tenemos dificultad para entablar amistades o tenemos ocupaciones que nos alejan de la vida social de forma habitual es sencillo que nos sintamos incómodos al relacionarnos con otras personas. Hay que tener en cuenta que es muy difícil modificar conductas que tenemos arraigas después de años aplicándolas, si nunca hemos sido capaces de desarrollar conversaciones fluidas nos costará aprender una habilidad que socialmente se considera básica.

Tipos de habilidades sociales

Existen muchas clasificaciones de este tipo de habilidades, sobre todo si se plantean desde un ámbito clínico adaptándolas a las necesidades de cada individuo. Una de las formas más sencillas y accesibles es diferenciar las habilidades sociales no verbales de las que se relacionan directamente con el habla. Ambas son necesarias, dependientes entre sí y modularán nuestras relaciones sociales según seamos capaces de sacarles el máximo rendimiento. Hay que recordar que no necesariamente tenemos que ser perfectos en ambas capacidades , al complementarse las carencias en una se compensan con nuestro desempeño en la otra.

Por parte de las habilidades sociales no verbales el lenguaje corporal es clave para desarrollar nuestras relaciones afectivas. Características como la distancia al hablar, mantener el contacto ocular, nuestra orientación o los propios gestos con las manos y la cabeza harán que la otra persona se sienta cómodo en nuestra presencia o querrá acabar rápidamente la conversación. Un gran problema que tiene el lenguaje corporal es que depende mucho de nuestro estado emocional, pudiendo hacer situaciones tan difíciles de manejar como sudoración excesiva, mirada fija sin apenas parpadear o gestos ambivalentes mientras balbuceamos por puro nerviosismo. Normalmente en presencia de personas conocidas seremos capaces de desenvolvernos correctamente en este tipo de habilidades sociales, siendo más vulnerables al contacto repentino sin ningún tipo de preparación.

Respecto a las habilidades sociales relacionadas con el habla son muchos los puntos que se trabajan. Aspectos como escuchar activamente, gestionar las disculpas o realizar y aceptar críticas son comunes entre las personas que interpretan carencias en sus habilidades sociales. Normalmente lo principal es tratar de que las dos personas que interaccionan sean capaces de expresarse tal y como quieren sin notar que existen turnos de palabra ni que la conversación está siendo poco fluida. Lo que conocemos comúnmente como conversar no deja de ser una convención social donde atravesamos diferentes etapas gracias a la buena gestión de las habilidades sociales, invitando a nuestro acompañante a que profundice en sus pensamientos y opiniones a medida que gana confianza con nosotros.

Mejorando nuestras habilidades sociales

El camino principal siempre será mantener todas las interacciones sociales posibles. Una característica muy incómoda de las relaciones sociales es que cuanto más nos alejamos de ellas más difícil se nos antoja recuperar un contacto habitual, sintiéndonos incapaces de conocer gente nueva y de llegar a establecer amistad. Aunque sea simplemente hablando con nuestros amigos o familiares es esencial que tengamos un mínimo de contacto humano, sin convertir la situación de conversar en un contexto extraño en el que no sabemos cómo actuar.

A la vez debemos valorar objetivamente nuestro desempeño, tanto en el éxito como en el fracaso. Si creemos que hemos incomodado a una persona es recomendable disculparnos por extraño que nos pueda parecer, particularmente si tenemos la certeza de que volveremos a estar con ella en un futuro cercano. Ocurre lo mismo con los éxitos, no hay nada de malo en premiarnos personalmente cuando estamos en pleno proceso de mejorar nuestras habilidades sociales, aunque sea con algo tan nimio como dedicar un poco de tiempo a un ocio personal.

Como podemos ver las habilidades sociales requieren ante todo paciencia y dedicación, tratando de darles la importancia justa sin que se conviertan en el centro de nuestro pensamiento.

¿Sabías qué...?

Mucha gente entrena indirectamente sus habilidades sociales con sus amistades cercanas, experimentando con conversaciones absurdas en ambientes festivos. Un juego que se convierte en una fantástica herramienta.