Cómo gestionar las emociones negativas

Aprende a manejar este tipo de emociones para que no afecten a tu día a día

Nuestra vida tal y como la conocemos sería imposible si no dispusiésemos de las emociones. A pesar de lo dolorosas que pueden llegar a ser, todas las emociones, incluidas las negativas, pueden ser aprovechadas para nuestro desarrollo personal. De esta forma, es importante que antes de abordar los momentos en los que nos sentimos mal sepamos valorarlos correctamente. No siempre serán negativos, ya que pueden incluso tomar un matiz optimista viéndolos desde otra perspectiva.

Con todo, debemos aprender a controlar las emociones negativas para que no se conviertan en norma diaria. Uno de los aspectos más difíciles de manejar respecto a ellas es la facilidad con la que se asientan en nuestra forma de vida, pareciendo a veces imposible lograrlo al no tener de forma habitual experiencias lo suficientemente positivas como para compensar lo que estamos sintiendo. Si además dichas emociones negativas forman parte de nuestra rutina, costará todavía más librarnos de ellas.

Hoy en Spoots te daremos algunos consejos o tips para aprender a gestionar las emociones negativas, con el fin de evitar que el problema se agrande y llegue a niveles más difíciles de resolver.

Cómo gestionar las emociones negativas
  • 1

    Encuentra la fuente del malestar

    Encuentra la fuente del malestar

    En los momentos donde nos sentimos mal no debemos buscar rápidamente una solución, ya que es más importante saber exactamente qué es lo que nos está causando ese malestar. Si centramos la fuente correctamente podremos actuar sobre ella sin perdernos en detalles menores, algo muy habitual cuando no tenemos claro por qué nos sentimos de esa forma.

    Un caso muy habitual es sentirnos mal en el trabajo. Una persona que no ha catalogado correctamente la fuente del problema aceptará su situación achacándolo a su trabajo diario. El malestar en este ejemplo podría venir de muchas partes, desde una actividad poco motivante hasta una relación pobre con un determinado compañero. Al no racionalizar la situación dejamos que actúe el pensamiento más cómodo para nosotros, achacándolo a generalidades que no nos aportarán nada ni nos permitirán solucionar el problema.

  • 2

    Valora el impacto del golpe emocional

    Sentirnos negativamente en el plano emocional es algo habitual en nuestra vida aunque no nos guste vivirlos. Valorar la emoción negativa es aprender a diferenciar entre el malestar normal del ser humano y el que realmente es excesivo. No podemos estar siempre de buen humor, es completamente imposible siendo incluso contraproducente intentarlo. Cuando seamos sinceros con nosotros mismos podremos diferenciar el malestar común que podemos tener en nuestra vida del que sí que se sale de lo razonable.

  • 3

    Mantén la mente ocupada

    Mantén la mente ocupada

    Las emociones se encuentran muy ligadas al raciocinio y la memoria, alimentándose de nuestra rumiación constante cuando nos sentimos mal. Si logramos centrar nuestra atención en actividades y pensamientos ajenos al malestar mejoraremos nuestra sensación de control. No tiene que ser necesariamente un pensamiento positivo o una actividad llena de efusividad. El dedicar tiempo al trabajo, a los estudios, o incluso a cocinar o limpiar nos ayudará a reducir nuestro malestar.

  • 4

    Acostumbra tu cuerpo a las emociones positivas

    Gracias a la estrecha relación entre pensamiento y emociones encontramos una de nuestras mejores herramientas. Concentrarnos en vivir habitualmente sentimientos positivos creará una sensación de bienestar constante, fortaleciéndonos a lidiar mejor ante las emociones negativas. Ideas tan básicas como acostumbrarnos a sonreír, mostrarnos abiertos a los demás y disfrutar de pequeños placeres diarios harán que vivamos mucho más relajados.

  • 5

    Busca metas a corto y largo plazo

    Busca metas a corto y largo plazo

    Las metas nos dan un objetivo en el que centrarnos para poder alcanzarlas a pesar de los problemas emocionales que podamos sufrir. Cuando conseguimos cumplirlas a corto plazo mejoramos nuestro estado de ánimo, y a su vez tener una meta a largo plazo también es recomendable pues nos ayudará a ordenar nuestra vida de forma más profunda, pero siempre recordando que nuestra felicidad no debe estar supeditada a cumplir o no una meta específica.

    Este grupo de metas temporales es clave para que las preocupaciones no invadan completamente nuestro día a día, sabiendo que a pesar de los problemas seguimos avanzando poco a poco en busca de nuestros objetivos. Aunque las metas a corto plazo no tienen que estar relacionadas con las que podamos tener más adelante en el tiempo sí es recomendable que haya cierta relación: podemos cumplir ciertos éxitos laborales diariamente para alcanzar un gran ascenso.


¿Qué te ha parecido el artículo? :-)
Cargando…