Qué es el trastorno límite de la personalidad

Conoce uno de los trastornos más difíciles de comprender

El trastorno límite de personalidad es con diferencia el trastorno de personalidad más difícil de manejar desde el punto de vista de la psicología y los propios familiares. Consiste en un desorden de la personalidad que afecta a las emociones, el comportamiento y las relaciones sociales. Al ser un trastorno que afecta a aspectos tan importantes del desarrollo personal la forma de afrontarlo pasa obligatoriamente por un tratamiento largo y complicado donde se necesita el apoyo social constante de los familiares y amigos cercanos.

Al mismo tiempo, hay que valorar que el trastorno límite de personalidad casi siempre tiene aspectos de otros trastornos en su sintomatología. La depresión y la ansiedad son muy habituales tanto parcialmente como manifestando parte de sus síntomas. Al tener un cuadro tan variado de síntomas propios la comorbilidad es inevitable, pudiendo complicar su evaluación tanto en las fases iniciales del tratamiento como en el desarrollo que se realice a lo largo del tiempo.

Los principales síntomas del trastorno límite de personalidad

La característica más importante del trastorno límite de personalidad es el grado exultante en sus manifestaciones tanto emocionales como comportamentales. Una discusión puede convertirse en una gran tragedia si el afectado considera que el tema que se está tratando afecta a aspectos como el honor personal o el interés ajeno. Por otra parte, los comportamientos se vuelven exagerados, esperando conseguir la reacción de las personas que les rodean aunque sea incluso negativa. Las expectativas de este tipo de conducta se centran ante todo en causar un impacto visible afectando al medio en el que se encuentran.

El apartado de las emociones se caracteriza por ambivalencia, pasando de la admiración al odio con ira manifiesta. Podemos creer que la persona con el trastorno nos aprecia sinceramente por su forma de relacionarse con nosotros pero si notamos que sus palabras se acercan a la adoración debemos temer cambios repentinos de conducta. Además, este tipo de conducta enlaza directamente con la sencillez con la que mienten y justifican sus repentinas expresiones, haciendo que los desprecios que nos muestren acompañados incluso de conductas físicas agresivas sean minimizadas todo lo posible por no perdernos.

Y es que si las emociones y la conducta se tornan extremas es fácil deducir que las relaciones sociales en forma de amistades y relaciones de pareja son muy difíciles de mantener. Debido a sus cambios de humor y la poca empatía que muestran las relaciones sociales se convierten en una espiral de cambios constantes donde la comprensión y la paciencia son fundamentales si se quieren mantener con el tiempo. A la vez, corremos el peligro desde fuera de engancharnos emocionalmente a las personas con este trastorno gracias a su astucia al realizar conductas y comentarios con los que mantenernos a su lado. La desinhibición sexual y las muestras de cariño en público son muy habituales, gestos que consiguen mantener a las personas de su entorno cerca a pesar de los momentos donde el trastorno se muestre en sus facetas negativas.

Desarrollo y tratamiento

Encontrar un tratamiento que nos asegure la eliminación del trastorno es imposible, debiendo huir de cualquier profesional que prometa una recuperación absoluta del trastorno límite de la personalidad. Independientemente de la mejoría que notemos y de la manera en la que consiguen los afectados desarrollar una vida normal debemos aceptar que es un proceso constante, para toda la vida donde el autocontrol y el apoyo por parte de su entorno social más cercano es obligatorio si no queremos encontrar recaídas.

Aunque podemos notar síntomas del trastorno en la adolescencia suele manifestarse claramente en la edad adulta, donde descubriremos comportamientos y pensamientos imposibles de entender si no teníamos sospecha anteriormente de lo que ocurría. Además su evaluación es muy complicada debido a la comorbilidad con otros trastornos, siendo muy fácil que se confunda con depresión, dependencia al consumo de determinadas drogas o conducta antisocial por la dificultad para relacionarse con los demás.

El tratamiento farmacológico junto al seguimiento con terapias psicodinámicas y conductuales se muestra la forma más prudente de actuar. Mantener el apoyo por parte de los profesionales debe conjugarse con la actuación del entorno cercano, insistiendo continuamente en realizar las conductas recomendadas, seguir con el tratamiento farmacológico y aspirar a un futuro donde realmente el control de la conducta y el pensamiento personal se convierta en una meta real alcanzable por sus propios medios.

Qué es el trastorno límite de la personalidad

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