Te mostramos la definición de coeficiente intelectual

También denominado como cociente intelectual, siendo sus siglas en ambos casos CI (en inglés se denomina IQ), el coeficiente intelectual se define como un estándar utilizado para expresar numéricamente la inteligencia de una determinada persona en relación con su edad biológica.

La base sobre la que se parte es que una persona normal, con una inteligencia acorde a su edad, tendrá un CI de 100, aumentando o disminuyendo este valor en caso de encontrarse con una persona con una alta inteligencia o por el contrario, con una inteligencia más baja de lo normal.

Origen de la expresión coeficiente intelectual

Fue utilizada por un psicólogo alemán llamado William Stern, basándose en unos test propuestos por Alfred Binet  y Theodore Simón a principios del siglo XX.

Diferentes rangos del coeficiente intelectual

  • Entre 52 a 68 puntos: En este caso se considera a la persona con una baja inteligencia, dándole el calificativo de “deficiente”, en algunos casos no sabiendo leer, escribir o siquiera expresarse.
  • Entre 68 a 84 puntos: En este rango se considera a las personas con un leve retraso mental, que sin llegar a ser deficiente no llega a estar en los parámetros normales. Suelen ser personas con una baja educación o con problemas familiares o psicológicos que ven frenada su evolución mental.
  • Entre 84 a 113 puntos: Es la inteligencia de una persona normal y promedio.
  • Entre 113 a 132 puntos: Ya se considera por encima de la media, llegando a poder ser considerado superdotado.
  • Entre 132 a 148 puntos: Es una inteligencia muy superior, siendo considerada la persona como superdotada y muy inteligente.
  • Entre 148 a 164 puntos: Ya es una inteligencia que comprende al 0.1% de la población, es decir, son muy pocos los que caen en este rango de alta inteligencia.
  • Más de 164 puntos: Son seres excepcionalmente inteligentes, dándose un caso en cinco millones en todo el mundo.

¿Es real la medida que se toma del CI?

Con el paso del tiempo y la evolución de las sociedades, se ha planteado la posibilidad de que el CI no fuese suficiente para medir la inteligencia ya que existen otro tipo de inteligencias que no se relacionan con el cálculo y el razonamiento. Por ejemplo, alguien puede tener unas grandes dotes musicales o artísticas en general y sin embargo ser poco diestro con las matemáticas o el cálculo en general. 

Es por esto que hoy la teoría que más se acepta como válida para medir las capacidades de una persona es la Teoría de Inteligencias Múltiples, formulada por Howard Gardner. En ella, se especifican distintos tipos de inteligencia:

  • Inteligencia lógica
  • Inteligencia musical
  • Inteligencia visual-espacial
  • Inteligencia intrapersonal
  • Inteligencia Kinestésica
  • Inteligencia lingüística
  • Inteligencia intrapersonal

Efecto Flynn

Lleva el nombre del neozelandés que lo descubrió. En su estudio descubrió que el CI aumentaba progresivamente a razón de 3 puntos por década, siendo las causas la mejora de las condiciones de vida de los países y el descenso de natalidad (familias con un solo miembro o dos como mucho).

La entrada de la inteligencia emocional como un desafío al coeficiente intelectual

A partir de 1995, el escritor Daniel Goleman hizo famoso (si bien se venía estudiando desde años atrás por parte de John Mayer y Peter Salovey) el término de inteligencia emocional con un libro publicado, viniendo este concepto a desafiar la importancia del coeficiente intelectual como condicionante del éxito de una persona en el mundo laboral o en sus relaciones interpersonales. Siempre el coeficiente intelectual fue el parámetro que venía a marcar o definir las capacidades de una persona para sobresalir en sus estudios o trabajo, sin embargo, hoy las empresas saben que son otras las capacidades que se deben tener en cuenta para contratar o subir de puesto a alguien.

Estas características, que formarían parte de un todo llamado inteligencia emocional, tienen más que ver con algunos conceptos como la memoria, el aprendizaje, las habilidades sociales, la observación, etc. Todo esto se puede reflejar en una serie de actitudes como capacidad de liderazgo, madurez para afrontar los problemas, resiliencia ante los desafíos diarios, capacidad de generar empatía con otras personas del mismo equipo de trabajo, motivación para salir adelante y aprender más, etc. Una persona podría tener un CI muy bajo pero una alta capacidad de superación, y por otra parte otra persona podría tener un alto coeficiente intelectual, pero con una pobreza emocional que no le permita ser un empleado o líder satisfactorio.


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