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Claustrofobia – Síntomas, causas y tratamientos

Uno de los miedos más conocidos a nivel popular, la claustrofobia se ha adentrado en la sociedad a medida que hemos ido desarrollando las infrastructuras en las grandes ciudades. Consiste en el temor a los espacios cerrados, más concretamente a la incapacidad de actuar estando en ellos. La idea de quedarnos paralizados dentro de un receptáculo en el que no hay salidas hace que sintamos una opresión interna impidiéndonos movernos, desarrollándose en apenas segundos sin más capacidad que paralizarnos mientras esperamos que se pasen cuanto antes los síntomas que sufrimos. Es uno de los temores más incapacitantes para la persona que lo sufre, reduciendo su marco de actuación al mínimo y anulando toda forma de raciocinio.

Síntomas de la Claustrofobia

La mayoría de síntomas en la claustrofobia se relacionan con la ansiedad. Dificultad de pensamiento, inquietud en los primeros momentos, paralización motora y ataques de pánico repentinos. Otros síntomas fisiológicos asociados a la ansiedad se dan en todos los casos, como pueden ser el aumento de la frecuencia cardíaca o la sudoración. Son síntomas que funcionan retroalimentándose al relacionarse entre ellos: cuanto más miedo notamos más fácilmente mostraremos síntomas fisiológicos los cuales al mismo tiempo actuarán como señal de que estamos sintiendo miedo. Al no poder escapar de la situación los síntomas se disparan, apareciendo repentinamente y sin apenas margen de actuación para poder reducirlos.

Uno de los más difíciles de manejar son los ataques de pánico, produciendo pensamientos catastróficos y sensaciones de ahogo y dolor interno. Es frecuente creer que realmente vamos a morir en ese momento, anulando el raciocinio y negando cualquier forma de auxilio de las personas que se encuentren con nosotros. Los dolores se centran en el pecho siendo común pensar que sufriremos un ataque al corazón en ese mismo momento, dificultando la respiración alimentado por la sensación de estar ahogándonos. Como la mayoría de fobias el miedo a sufrir estos ataques es parte fundamental para que surjan más allá de sus propios síntomas, teniendo que ser tratado individualmente además de la claustrofobia en sí misma.

Causas de la Claustrofobia

Aunque es tentador pensar que surge a partir de una situación traumática son muy pocas las personas que desarrollan el miedo por una experiencia directa en el pasado. No significa que no se genere cierta inquietud cuando se vive una situación relacionada pero no es habitual desarrollar el cuadro completo de claustrofobia en estos casos. Más habitual es la predisposición a la ansiedad incentivada por la falta de técnicas para controlarla. Una persona ansiosa por predisposición genética o experiencias personales con otras situaciones de ansiedad puede llegar a vivir episodios claustrofóbicos al encontrarse dentro de cubículos habitualmente asociados a ella. Sentimos que nuestro mundo se va a derrumbar por nuestra incapacidad personal para afrontarlo.

Hay que tener en cuenta que la claustrofobia se desarrolla principalmente por la aparición de síntomas menores sin tratarlos adecuadamente. Si nos sentimos inquietos en una habitación cerrada sin afrontar posteriormente este miedo es más fácil que repitamos esta experiencia en otros contextos relacionados. De esta forma, vamos desarrollando poco a poco la claustrofobia a base de pequeñas experiencias que asumimos poder controlar a pesar de que el miedo va creciendo. Con la característica de inmediatez y pérdida de control de los ataques de pánico es cuestión de tiempo que aparezcan los primeros cuadros claros del trastorno.

Tratamientos de la Claustrofobia

Existen diversos enfoques para tratar la claustrofobia, pudiendo combinarlos para adaptarlos a cada caso particular. Desde la farmacología los ansiolíticos en forma de benzodiazepinas son los más habituales, centrándose en los ataques de pánico al ser el síntoma más incapacitante. Normalmente el tratamiento farmacológico se combina con otros tratamientos para mejorar sus efectos, dependiendo de los conocimientos del paciente y la predisposición que muestre para desarrollar técnicas personales que le permitan afrontar los episodios.

La terapia de exposición es una de las más eficaces a nivel psicológico. A través de una programación explícita elaborada en conjunto por el terapeuta y el paciente se diseña una serie de situaciones donde se exponga al miedo personalmente. Desde acompañarle dentro de un ascensor en las primeras sesiones hasta esperar fuera durante unos segundos, cada caso se trata de forma individual apoyándole con diferentes técnicas de relajación y control de la ansiedad. A esta terapia se le pueden añadir elementos cognitivos donde se entrene la identificación de síntomas y se traten en grupo los miedos personales de cada individuo. En este tipo de casos la combinación de técnicas y farmacología es la forma óptima de afrontar la superación del trastorno por parte del paciente.

¿Sabías qué...?

La claustrofobia ha existido desde hace siglos aunque se atribuya principalmente a la actualidad por los ascensores. El miedo a quedarse atrapados en zonas aisladas ha acompañado al hombre desde siempre independientemente del desarrollo social.